Clase 3. Empezamos un poco con lo complejo!
En la clase pasada aprendimos los acordes básicos y probablemente te pasó algo muy normal: puedes poner los dedos, algunos acordes ya suenan bien, pero todavía no se siente como tocar una canción real. Y eso es completamente normal. La gran diferencia entre alguien que “conoce acordes” y alguien que ya empieza a tocar guitarra está en el ritmo y en los cambios entre acordes.
Así que hoy vamos a trabajar justo eso.
La mayoría de principiantes tiene el mismo problema. Tocan un acorde, paran la mano, miran los dedos, intentan cambiar al siguiente acorde y vuelven a tocar. El resultado es que la música se corta todo el tiempo. Pero la guitarra no funciona así. Aunque te equivoques, el ritmo tiene que seguir. De hecho, un guitarrista que mantiene el ritmo aunque falle un acorde suele sonar mejor que alguien que toca acordes perfectos pero se detiene cada cinco segundos.
Por eso hoy tu mano derecha va a ser más importante que la izquierda.
Vamos a empezar con algo muy sencillo. Escoge un acorde que ya conozcas, por ejemplo Mi menor (Em). No pienses todavía en canciones ni en velocidad. Solo vamos a hacer cuatro golpes hacia abajo mientras contamos:
1… 2… 3… 4…
Cada número es un rasgueo hacia abajo. Nada complicado. Lo importante es que la mano nunca se tense. Imagínate que es como un péndulo o un reloj que no deja de moverse. Al principio quizá suene apagado o irregular, pero eso da igual. Lo que buscamos es que empieces a sentir el ritmo.
Cuando ya te sientas cómodo, vamos a añadir un cambio de acorde. Usa Em y Am, porque son fáciles para empezar. Toca cuatro golpes con Em y luego cambia a Am sin detener la mano. Y aquí viene algo importante: aunque el cambio salga mal, no pares. Sigue contando. Sigue rasgueando. La música siempre sigue adelante.
Esto cuesta muchísimo al principio porque el cerebro quiere detenerse para revisar dónde van los dedos. Pero justo ahí está el entrenamiento real. Con el tiempo tus manos van a empezar a recordar el movimiento solas, como cuando aprendes a escribir en teclado sin mirar.
También hay un pequeño truco que usan todos los guitarristas y que casi nadie explica al principio: no levantes demasiado los dedos al cambiar de acorde. Los principiantes suelen separar toda la mano del mástil como si estuvieran reiniciando desde cero. Intenta hacer lo contrario. Levanta apenas lo necesario y mueve los dedos lo mínimo posible. Cuanto más pequeños sean los movimientos, más rápidos y naturales serán los cambios.
Ahora vamos a probar un patrón de rasgueo un poco más musical. Ya no solo hacia abajo. El patrón es este:
abajo, abajo, arriba, arriba, abajo, arriba.
Al leerlo parece raro, pero cuando lo practicas empieza a sonar muchísimo más parecido a una canción real. Hazlo despacio. Muy despacio. En serio. Uno de los errores más grandes de los principiantes es intentar tocar rápido demasiado pronto. La velocidad no se practica; la velocidad aparece sola cuando el movimiento ya está relajado.
Puedes pasar varios minutos solo cambiando entre Em y Am con este patrón. Luego prueba hacer lo mismo con C y G. Al principio sentirás que tus dedos llegan tarde, pero un día, casi sin darte cuenta, vas a cambiar acordes automáticamente y ahí es cuando todo empieza a ser divertido de verdad.
Y quiero que recuerdes algo importante: practicar guitarra no significa practicar durante horas. Diez minutos diarios bien hechos valen más que dos horas tocando sin atención. La constancia le gana a la intensidad.
Así que el reto de esta tercera clase es sencillo. Intenta mantener el ritmo durante un minuto completo sin detenerte, aunque te equivoques en los acordes. Si logras eso, ya estás entrenando como un músico de verdad.
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones

Comentarios
Publicar un comentario